Esta es mi única aventura, después de ti; y me
resulta tan insignificante, carente de gratitud, y fingido, que yo creo merecer
algo mejor, así lo dice mi pecho cuando la recuerdo. Estaba fingiendo, yo le
atisbé la rutina de reojo, mientras dormitaba somnoliento en la espesura de un
sueño de verano, haciendo jueguitos para llamar mi atención, para fingirse a sí
misma, divertida y coqueta, pero en realidad, yo la noté fingida. O tal vez yo
fingí conocerla mía, mientras extrañaba otro cuerpo, el tuyo, que ella yo
hallaba vacío, y quise desviarme de su camino, pero fui entrando como si un
niño solo confiara en el trayecto. Y todo cayó, el telón, el engaño quedó
expuesto en la fingida morisqueta de una mujer que juega a quien no ve lo que
quiere ver.
Yo me escabullí, y le dije que me tenía que ir,
que gracias por la invitación, pero me resultó que mañana yo salgo temprano, y
tengo mucho sueño. –“pero, quédate en mi casa” dijo ella, y mi guata ya me
salía por la garganta, y quería escabullirme por los pasajes, a las cuatro de
la mañana, y ella allí entrando en la paranoia, “yo hoy día presentí, intuí,
vislumbré que me dirías eso, y sabía lo que haría, que diría, si tu me dijeras
eso, que me dijiste, que dirías” y ahí si, quedé helado, como que me da la pera
cuando pasan estas cosas, tal vez debí ser claro, y contarle, que estaba
fingiendo, porque en realidad, uno ve afuera lo que tiene adentro, y si ella
nunca fingió, y estaba nerviosa, porque yo estaba pegado allí dentro del humo
profundo de un cannabis fino, y mi cara no emitía expresión, “¿y a éste que le
pasa?”
Eso fue, y no se lo dije, ¿cómo? ¡oye estás
fingiendo! Te divisé de reojo entre la tercera subida y bajada en pique del
fino, y tu carita me hacía morisquetas, y eso a mi no me gusta, no me gusta que
me mimen, ni que me anden haciendo caritas, porque la clave para relacionarte
conmigo, es que no me pesques, yo te andaré buscando, me basta con mi madre que
anda malcriándome con tanto souvenir que se le antoja, y detrás mi padre,
chocho, de que su guagua haya vuelto a casa, y ahí me viene la crisis, de
creerme un machote, pero en realidad sigo un siendo un crio. ¿cómo podía
decirle todo eso? Así que me fui caminando por los pasajes, con una sensación
de irresponsabilidad, y desahogo, con un aliento renovado, sabiendo que obré en
nombre de mi bienestar. ¡que sacrificio! Yo soltando la lengua, mientras tú no
lees mis mensajes. ¿acaso no te importa nada?
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