Me quedo, me voy quedando,
como un ejercicio mecánico,
quizás porque no me arriesgo o
porque simplemente me encarcelo,
a una vida conocida,
a una rutina aprendida,
a un miedo que me lleva al castigo.
Mi cuerpo en el frío quiere demostrarte que soy digno.
Una extraña forma de amar,
con el sacrificio,
como si fuera mi condena,
como si fuese mi huída.
Aquí otra vez
escribiendote.

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